En un mundo donde la realidad comenzó a fracturarse, surgió una anomalía que no debía existir.
Akel no es un héroe.
Es una herida abierta en el tejido del universo.
Temido por el mundo.
Rechazado por el equilibrio.
Marcado por una maldición que despierta con cada transformación.
Cuando entidades primigenias descienden para reclamar lo que consideran un error, la línea entre salvación y destrucción desaparece.
Porque aquello que puede salvar el mundo…
también puede destruirlo.